4-1-300x224“Es un tratamiento barato, con pocas complicaciones y éstas son transitorias, permite diferenciar causas de estrabismo y es útil tanto en pacientes que ya tienen cirugía como en los que no se han operado nunca”, afirma Marlene Vogel, presidenta de la Sociedad Latinoamericana de Oftalmología Pediátrica.
Ya en la década de los ochenta el destacado oftalmólogo e investigador del prestigioso Instituto Smith Ketlewell, doctor Alan Scott fue pionero en realizar estudios sobre Botox® y estrabismo.
Constató que sobre el 65% de los niños con estrabismo convergente lograban eliminarlo o llevarlo a un nivel tal que era imperceptible, sólo con toxina botulínica y sin necesidad de ser operados.
Además, entre los niños que presentaban estrabismo divergente, casi en el 50% tuvo éxito, incluso en aquellos pacientes con cirugías previas y tras las cuales no lograron llevar los ojos a un alineamiento que se considerara exitoso. En el caso del estrabismo los cambios en las fuerzas musculares son definitivos, a diferencia de las aplicaciones en cirugía plástica.
Desde entonces, numerosos centros 0ftalmológicos en Europa y América han utilizado el Botox® en el tratamiento del estrabismo.
Hasta ahora, no se han reportado complicaciones importantes o permanentes, cuenta la doctora Marlene Vogel, presidenta de la Sociedad Latinoamericana de Oftalmología Pediátrica. “Todas las complicaciones son transitorias. Puede haber efecto sobre otros músculos, por ejemplo de los párpados, pero son siempre transitorias y se presentan en menos de un 20% de los casos, ya que el Botox® se inyecta en el músculo que se desea tratar, usando una aguja especial conectada a un instrumento que registra la actividad muscular y permite localizarlo (Electromiógrafo).
El uso del Botox® en el estrabismo ha sido aprobado por muchas sociedades científicas de renombre mundial y por la FDA. La doctora Vogel, visitó recientemente el Servicio de Oftalmología del Hospital Pediátrico de Buenos Aires, dónde su Directora y discípula del Doctor Scott – la Doctora Verónica Hauvillier – reúne una de las experiencias más grandes de Latinoamérica. “Este servicio atiende el mayor volumen de niños de la ciudad de Buenos Aires. En este centro hospitalario la mayor parte de los estrabismos se trata primariamente con Botox® y si no se logra el resultado óptimo se procede a la cirugía. Dado que no requiere anestesia prolongada (a veces ninguna), es un procedimiento ambulatorio y seguro, ya que la toxina no tiene efectos colaterales.
Situación en Chile
En nuestro país, el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, ha escogido casos de niños para estudiar los beneficios que genera el Botox®, previa consulta de los padres y a quienes se les informa por qué se usará la toxina en vez de cirugía.
Se han seleccionado casos especiales, como por ejemplo, niños que han sido operados de cataratas congénitas y que se encuentran en rehabilitación de su visión y desarrollan desviaciones del ojo.
Ellos están en tratamiento con parche para recuperar la visión. “En estos casos no se sabe cuál va a ser la magnitud final del estrabismo, porque están en un proceso de recuperar la agudeza visual. Colocamos Botox® para disminuir la desviación mientras el sigue su rehabilitación”, señala Vogel.
El Botox® se utiliza también en muchos pacientes adultos. En estos casos se usa especialmente en personas que presentan un estrabismo secundario a una parálisis muscular debida a tumores cerebrales, a accidentes vasculares, traumatismos, etc., que han dañado el nervio respectivo. “Estos pacientes quedan con un estrabismo transitorio. Cuando el nervio se recupera, vuelve la función del músculo correspondiente, pero cuando esta recuperación tarda mucho, el músculo antagonista se contractura, (el que no funcionaba se recuperó pero el estrabismo persiste porque el otro está contracturado). En esos casos, el Botox® se inyecta preventivamente para evitar que esto persista. Así se balancean las fuerzas entre ambos” destaca.
¿Por qué el Botox® ha resultado tan exitoso en pacientes pequeños por sobre las cirugías?
“Normalmente, el estrabismo requiere mediciones exactas, colaboración y condiciones anatómicas óptimas. Un ojo muy pequeño es muy difícil de operar. Aplicarles Botox® a estos niños, significa darles la oportunidad de alinear el ojito, sin necesidad de operarlo. O bien disminuir la desviación a tal punto, que cuando llegue el momento de operar, sea mucho menor la cirugía que tengan que experimentar”, señala la doctora Vogel.
El proceso con Botox® es muy rápido, y su aplicación demora aproximadamente entre 10 a 15 minutos, en vez de un procedimiento quirúrgico anestésico que dura alrededor de dos horas. ”Los papás tienen que estar informados que el párpado se puede caer. Muchas veces se asustan, ya que piensan que esta situación es permanente, pero les aclaramos que es transitorio. Después de un periodo de tiempo, el párpado llega a la normalidad. Lo esperable es que al niño se le produzca una desviación completa hacia el otro lado, pues lo que hacemos es paralizar el músculo que funciona demás, para que el antagonista se fortalezca”.
El Botox® se elimina completamente entre el cuarto y el sexto mes, periodo en el cual estos músculos deberían haberse balanceado de tal forma que cuando desaparezca el efecto del Botox® el niño tenga sus ojitos derechos.
En síntesis: una de las grandes ventajas del Botox® es la rapidez de su aplicación, permite tratar niños pequeños, adultos en que sus condiciones de salud no permiten una cirugía o recibir anestesia y lo más importante, no se alteran los músculos como en la cirugía de estrabismo en que la modificación es definitiva. “En la cirugía de estrabismo debes cortar el músculo y suturarlo nuevamente .Una vez que cortas el músculo y lo vuelves a insertar en el ojo no puedes volver a la situación inicial”, acota Vogel. “En cambio, el Botox® sí te permite operar después de haberlo inyectado si fuese necesario. Lo peor que te puede pasar es volver al punto cero”.